Diario de un perito informático: un «príncipe azul» lleno de sorpresas

Peritajes informáticos, OSINT y auditorías.

Diario de un perito informático: un «príncipe azul» lleno de sorpresas

febrero 2, 2022 Blog Peritaje informático 0

Hace ya casi una década, una mujer de unos cuarenta y cinco años me contrató para que realizara unas extrañísimas labores de investigación y forense informático en todos los rincones y dispositivos de su casa, además de en su centro de trabajo. Según me informó, el objeto de la investigación era encontrar dispositivos espías físicos y aplicaciones en sus aparatos que pudieran registrar toda su información y actividad, ya fuera robando datos de sus comunicaciones o monitorizado todos sus movimientos a través de la geolocalización. Ella sospechaba de que su pareja, un hombre celoso y controlador, la estaba espiando.

Ha pasado mucho tiempo desde este trabajo. Afortunadamente, la sociedad avanza cada vez más y las mujeres se dan cuenta pronto de este tipo de conductas controladoras, que cortan rápido de raíz. Sin embargo, durante aquellos años, en pleno boom expansivo de los teléfonos inteligentes, era habitual leer en prensa sucesos similares al que contamos nosotros (como, por ejemplo, el famoso caso del hombre que instaló la aplicación Cerberus, un troyano potentísimo, en el móvil de su mujer). A día de hoy, aunque ya no se ven tantos casos como antes, siguen llegándonos.

Pero volvamos, de momento, al caso de la clienta anterior. Tras varios días recorriendo los pasillos y habitaciones de su casa con un detector de radiofrecuencia con un experto, encontramos dos micrófonos instalados en el salón y el cuarto conjunto. También encontramos que las cámaras instaladas en la casa, que en principio habían colocado de mutuo acuerdo para que desempeñaran labores de vigilancia, tenían configuradas un acceso remoto que él usaba para espiarla cuando se encontraba fuera del apartamento. Además, encontramos keyloggers en los ordenadores, un tipo de software que se usa para registrar los pulsaciones en los teclados y averiguar, por ejemplo, contraseñas de una persona; y hasta un bolígrafo espía en el despacho que ella usaba para trabajar. Según averiguamos después, el maltratador tenía incorporado en él un sistema completo de grabación de audio y vídeo.

Foto del bolígrafo espía detectado

Exponiendo todo esto ante vosotros, mi objetivo no es solo decir que todavía, ya en 2022, me llegan hombres a diario pidiéndome que les preste servicios espías contra sus parejas o exparejas, sino que cada semana, llegan aún más mujeres a nuestros despachos víctimas de abusos informáticos que, finalmente, estos maridos o novios controladores realizan de forma amateur. Por supuesto, mientras que a las mujeres les prestamos un servicio inmediato y personalizado, a los maltratadores se lo denegamos por completo; sin embargo, muchos de estos controladores acaban obteniendo software espía a través de Google — o comprando en tiendas físicas material, como micrófonos o minicámaras — y acaban vulnerando por completo los derechos de ellas.

Por otro lado, muchos de los lectores pensaran que esto de espiar el teléfono a la pareja es algo que ellas también pueden hacer, sin embargo, nuestros datos lo desmienten. No sé qué números manejaran otras compañías de ciberseguridad, sin embargo, los nuestros son contundentes: del total de casos recibidos por espionaje en la pareja durante estos último nueve años como perito, el 96% han sido de hombres contra mujeres, frente a un 4% de mujeres contra hombres.

Los números no engañan.

 

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